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Gané un viaje a Polonia… ¡Qué suerte!

Escribo por primera vez en este
blog, y lo hago para compartir mi viaje exprés a Polonia.
Todo fue un poco precipitado,
pues este viaje, lo gane en un concurso organizado por la oficina de turismo de
Polonia en Madrid (os invito a que visitéis su web http://www.polonia.travel/es/ donde
aparecen muchas noticias y podéis apuntaros a su newsletter, o a seguirlos en
las redes sociales, donde podéis encontrar mucha información interesante del
destino).
Participé en un concurso
organizado conjuntamente con la oficina de turismo y la LOT (aerolínea polaca),
y sorprendentemente, me avisaron unos días antes del supuesto viaje de que
había sido una de las ganadoras.
El premio consistía en unos
vuelos a Varsovia y Cracovia, con la estancia en los hoteles y unas visitas
programadas. ¿Parece perfecto no? El único inconveniente es que nos notificaron
el nombre de las ganadoras el día 31 de diciembre, y la salida era el día 7 de
enero desde Madrid.

Organizándome rápidamente las
vacaciones en la oficina y demás compromisos (como cancelar la cita en la peluquería
por ejemplo) me puse a buscar el enlace desde Asturias a Madrid, y ahí empezó mi
odisea: para la vuelta, no había problema, me cogí un vuelo Madrid – Asturias con
Iberia tan ricamente. El problema fue llegar de Asturias a Madrid el día 7 de
enero.
Como os imaginaréis, hay mucho
asturiano fuera de “la tierrina” que viene a pasar aquí las fiestas navideñas
con la familia, y el día 7 se vuelve a su lugar de residencia habitual, ya sea
Madrid, u otro lugar del mundo, pero que su vuelo hace escala en Madrid. Claro,
cuál fue mi desolación al ver que TODOS los vuelos, y trenes que salían rumbo a
Madrid ese día estaban llenos ¡¡Ni una plaza!! Pero por suerte encontré un
ALSA, que tardaba la módica cantidad de 7 horas en llegar desde Oviedo a la
estación del Sur de Madrid, y que llegaba unas 2 horas y media antes de la
salida del vuelo, al que le quedaba una
plaza libre.
Con todo conforme, llegó el famoso
día 7, y me levanté bien tempranito por la mañana para ir desde Pola de Siero
(que es el pueblo donde vivo) a Oviedo, donde cogí el autobús a Madrid de
paradas.
Después de muchas horas, viendo
una película tras otra, viendo también los montes de la cordillera cantábrica
nevados, haciendo “pis-paradas” en León y otros muchos sitios, y oyendo muchos
ronquidos (claro, la gente había madrugado mucho para coger el bus), me di
cuenta de que apenas acabábamos de entrar en la comunidad de Madrid, y ya casi
era la hora a la que supuestamente llegábamos a Madrid.
El tiempo fue pasando, y me fui
preocupando cada vez más (lógicamente) pues estaba dándome cuenta de que iba a
llegar a Barajas cuando mi vuelo Madrid – Varsovia ya hubiera salido.

Milagrosamente, llegué a la
estación Sur, corrí para coger un taxi, y llegué al mostrador de la LOT cuando
faltaban 5 minutos para cerrar la facturación (también gracias a mi amigo
taxista, que se saltó unos cuantos límites de velocidad para que yo pudiera
llegar a tiempo).
Una vez pasado el trámite de la
facturación, y el control de seguridad, llegué a la puerta de embarque (previo
paso por la cafetería para comprarme un bocata a precio de oro) y conocí a mis
dos compañeras de viaje, que también habían ganado el concurso: Vanessa y
Julia, que ya estaban preocupadísimas pensando que no llegaba a coger el vuelo.
Volamos Madrid – Varsovia en un
avión estupendo, pero como hacía un clima de perros (no sé si os acordaréis,
pero este enero fue un mes horrible) se retrasó un poquito la salida, por lo
que al llegar a Varsovia, descubrimos que habíamos perdido el Varsovia –
Cracovia, ya que nuestro destino final era Cracovia.
La aerolínea se portó muy bien
con nosotros y con todos los que habían perdido sus conexiones por culpa del
retraso (que éramos unos cuantos), y nos reubicó rápidamente en el siguiente
vuelo, que era dos horas más tarde, y nos dio un vale por una cena caliente en
el aeropuerto.
Finalmente, tras un día entero (19
horas seguidas) viajando, nos recogieron en el aeropuerto de Cracovia y nos
llevaron al hotel GOLDEN TULIP, que está genial en todos los sentidos: está
renovado, no es muy grande, está en un edificio antiguo, la decoración y los
baños son modernos, y está pegado pegado al parque que antes eran las murallas
de la ciudad, con lo cual, está en el absoluto centro de la ciudad y en 5
minutos andando estás en la catedral. Lo único un poco regular era el desayuno:
que para mí, que me tomo un café y poco más, estaba bien, pero para quien
desayune algo más especial, tal vez se podría quedar escaso.
De Cracovia: qué decir… preciosa.
Además estaba nevado cuando fuimos, y todavía no habían retirado la decoración ni
el mercadillo navideño, por lo que la ciudad tenía un encanto aún más especial
de lo que tiene normalmente. Ese día sólo vimos un poquito (claro, era ya muy
tarde, sobre todo para el “horario de vida” que tienen en el país, y hacía
muuucho frio para callejear), y nos fuimos a dormir, previo paso por la inmensa
bañera del baño de la habitación.
Al día siguiente, tras ponernos
un buen par de medias bajo los pantalones, 50 capas de ropa, guantes, bufanda y
gorro (incluso Vanessa se puso orejeras debajo del gorro), conocimos a nuestra
guía de Cracovia: Margarita (que ella decía que se llamaba Margarita, pero se
llamaba Orsha o algo así en realidad), una chica ENCANTADORA, que nos enseñó
los encantos de su ciudad; la plaza del mercado (donde estaba instalado el
mercadillo navideño) que es la plaza medieval más grande de Europa con la torre
del antiguo ayuntamiento, y la Basílica de Santa María, donde llegamos justo a
la hora para ver al bombero trompetista
que es una tradición desde los tiempos medievales, de la que yo no sabía nada y
me resultó curiosísima (esta tradición es la que explica por qué esta basílica
tiene dos torres distintas).
Las torres son distintas, porque
en la torre más alta, hay desde la época medieval un bombero, que observa la
ciudad para asegurarse de que no hay peligros, como incendios ataques desde el
exterior… por eso una es más baja, porque si fueran las dos de la misma altura,
una taparía la vista de dicho bombero, y no vería parte de la ciudad que
vigila.
Este bombero, tocaba la trompeta
avisando de los peligros desde la torre, en dirección de cada uno de los puntos
cardinales. Esta tradición se ha transformado un poco, pero ha llegado hasta
nuestros días. Ahora, el bombero sigue ahí, y cada hora en punto toca su
melodía. Si vais a Cracovia, veréis asomar cada hora la campana de una trompeta
que toca unas notas desde lo más alto de la ciudad.
Margarita, también nos llevó al
edificio de la universidad, a ver el carillón, que representa la historia de la
reina polaca que donó a su muerte una gran cantidad de dinero a la universidad
de Cracovia, una de las más prestigiosas de Europa (donde estudió nada más y
nada menos que Copérnico). Vimos las iglesias de San Pedro y San Pablo, la de
San Andrés, los restos de la antigua muralla y las atalayas…
También fuimos por supuesto, a la
colina Wawel, con el castillo y la catedral (con sus distintas capillas), el
famoso dragón (con susto incorporado mientras sacábamos la foto, ya que se puso
a echar fuego por la boca literalmente), y las magníficas vistas de la ciudad
desde allí (con la leyenda del monte Krak, que da nombre a la ciudad incluida, una
historia tan curiosa como falsa, como la misma guía nos confesó).
Por la noche fuimos al barrio
judío, donde nos contó un poco cómo había sido la vida de la comunidad judía de
la ciudad a lo largo del tiempo, y la fábrica y las localizaciones de la famosa
película la lista de Schindler,
película que a mí personalmente me encanta, y que me habré visto mil millones
de veces. Pasar por esos lugares me impactó bastante, al verme a mí misma en el
lugar que tantas veces he visto. La verdad que me puso los pelos de punta.
Al día siguiente, hicimos la
visita que para mí es imprescindible: Auswitch. Bueno… impactante realmente.
Nunca nada me había “tocado” tanto. De verdad que no es una visita apta para
gente muy sensible. Muchas personas lloramos durante el recorrido. Yo me tuve
que salir del crematorio… todo esto a 10 bajo cero, pero con un viento que
hacía que pareciesen 20… imaginarse a esa pobre gente, a esas temperaturas,
pero con un pijama de rayas y zuecos de madera… la verdad que fue algo que me
hizo sentirme muy mal.
Realmente, en el momento lo pasas
mal, pero ahora que ya ha pasado el tiempo y el mal trago, me alegro de haber
ido. No te lo puedes perder. Es una experiencia inolvidable en la vida, y de verdad
que lo recomiendo totalmente. No podemos dejar que se olviden estas cosas.
La visita comienza por el museo
del campo de concentración Auswitch 1, y luego te llevan a Auswitch 2 – Birkenau
en un autobús, y ves el campo tal como era, y dónde dormían, dónde hacían sus
necesidades…
Un detalle  “gracioso” en Auswitch 2, es que al acabar la
guerra y variarse el campo, se colocaron unas placas conmemorativas cuyo texto
pide que no se olvide lo que allí pasó. Estas placas están escritas en todos
los idiomas de las personas que hubo en el campo, está en polaco, en alemán… y
una de las placas (creo recordar que era la que estaba la segunda por la
izquierda) está en un idioma, que para los españoles resultará muy fácil
entender: en sefardí, pues los judíos que fueron expulsados de España en
tiempos de los reyes católicos, conservaron el idioma allí donde emigraron, que
con el tiempo, ha evolucionado y han cambiado algunas palabras, pero que es
totalmente entendible. Si vais por allí os invito a que la busquéis y lo
comprobéis por vosotros mismos.
Esa misma noche, nos fuimos de
nuevo al aeropuerto para volar a Varsovia. Sé que muchos me dirán que cómo me
pude ir de Cracovia sin visitar las minas de sal, y tienen razón, me hubiese
encantado ir a verlas, pero no me fue posible porque no tenía más tiempo, así
que lo dejaré para la próxima ocasión que visite Polonia, y así tengo una
excusa para volverJ.
El vuelo Cracovia – Varsovia fue
de nuevo con la LOT en un avión de turbohélice. Mucha gente me comenta que le
tiene miedo a estos aviones, pero yo siempre les digo lo mismo: en realidad son
más seguros que los otros, porque en caso de avería en los motores, estos
aviones pueden planear, y aterrizar sin problemas, los otros sin embargo, se
desploman. El inconveniente es que van más despacio, y sobre todo, el ruido,
que como te toque junto al motor… te vuelves loco. De cualquier manera, el
vuelo fue puntual y todo fue como debería ser.
En Varsovia nos quedamos en el
hotel NOVOTEL warsaw centre. Hotel del grupo Accor, que estaba junto al palacio
de cultura de la ciudad. Es uno de los rascacielos del skyline varsoviano, en
una zona moderna del centro de la capital polaca. Hotel correcto en todos sus
servicios, pero sin grandes lujos como se caracteriza la cadena novotel, con un
desayuno opcional carísimo que no probé porque como ya os comenté, yo con un
café tengo suficiente desayuno, y me fui a la cafetería de al lado a desayunar
(si no recuerdo mal el desayuno en el hotel costaba 17 eurazos…).
Por la mañana hicimos la visita
de los puntos imprescindibles (plaza del castillo con la Columba de Segismundo,
la catedral de San Juan, la ruta real, el salón de Chopin, y su banco, la tumba
al soldado desconocido, el museo del alzamiento de Varsovia…) y por la tarde
íbamos a visitar el ghetto judío, pero el clima no nos acompañó… y tuvimos que
meternos en un museo a pasar la tarde.
Lo bueno de este día, es que
conocimos a dos chicos mejicanos con los que hicimos amistad, y esa noche, nos
fuimos con ellos a ver el palacio Lazienki (también conocido el palacio sobre
el lago) que es precioso. Mereció la pena la caminata que nos pegamos con ese frío
para ir a verlo. El mapa nos traicionó, y pensamos que estaba muuuucho más
cerca de lo que estaba, pero no obstante, tampoco fue un paseo en balde, pues
fuimos por la calle (una avnida muy estilo soviético) en la que están las casas
buenas, y nos encontramos con un montón de embajadas extranjeras, cuyos
edificios también tenían cierto interés.
Al ver mi viaje desde la
distancia, se podría decir que en tres días, vi los tres contrastes del país:
por un lado, la parte más medieval y con más encanto, que es Cracovia. Por otro
lado, el horror que vivió el país durante la guerra con el campo de concentración,
y por último la modernidad y una ciudad cosmopolita con la visita a Varsovia.
Tres experiencias distintas en un
mismo país.
La parte más ventajosa de ir a
Polonia
, es el zloty, su moneda, que nos deja un cambio muy favorable con el
euro, y lo amable que es la gente. Yo fui con una idea (claramente un prejuicio
injusto) de que la gente sería ruda, con poco nivel adquisitivo… y lo que me
encontré, es que son gente muy amable, que si puede pararse a hablar contigo lo
hace (de hecho, ya quisiéramos en España hablar inglés como lo hablan en
Polonia), que te ayuda en lo que puede, y que sí, que tienen un nivel de vida
por debajo del español, pero no hay la pobreza que muchos tenemos en mente
cuando hablan del país, simplemente, todo es más barato, y por eso los sueldos
son más bajos.
La comida: un poco pesada para mi
gusto: mucha sopa y carne de segundo plato con patatas. Pero con ese frío…
¡¡Normal que coman eso!! De hecho nos sorprendió bastante que vimos comer a la
gente con voracidad, pero hay muy poca gente con sobrepeso. Algo extraño debe
pasar, porque si yo comiese así todos los días… ni os cuento cómo estaría.
Al día siguiente, tras patear un
poco más la ciudad, nos cogimos el autobús que te deja a la puerta del
aeropuerto. De nuevo volamos con la LOT en vuelo directo destino Madrid.
A la llegada a Barajas, me
despedí de quien me acompañó estos días, y me mentalicé para las horitas que me
quedaban de escala hasta mi vuelo a Asturias. Aunque se me pasaron bastante
rápido, y al final llegué sana y salva de nuevo a casa.

Después de este rollo
interminable que os acabo de soltar sobre mi odisea para llegar a Polonia,
aprovecho por si la oficina de turismo de Polonia me lee, o lo hace la
aerolínea LOT, para darles las gracias por este premio, que me ha encantado, y
recomiendo el destino sin dudarlo.
Destino al que volveré seguro, ya que con un día en Cracovia, otro de visita en
Auswitch, y dos en Varsovia, no es suficiente para conocer un país como Polonia
y poder ”tacharlo” en el mapa (obviamente).

Si os ha entrado el gusanillo de viajar a Polonia, también podéis hacerlo!!! Eso sí, en esta ocasión, no será gratis 🙂 Aquí os dejo algunos de nuestros paquetes más exitosos al país del papa Juan Pablo II (que por cierto, son super fans suyos).:

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